Entrenar a atletas adolescentes es un desafío difícil, complicado y maravilloso.

El oficio del entrenador, ya se sabe, no es fácil. Los atletas, más o menos expertos, tienen sus manías, sus rasgos de carácter a menudo no simples, sus puntos fuertes y sus debilidades. Si a esto se añade el hecho no desdeñable de tener que tratar con deportistas adolescentes el desafío de ser entrenador se convierte realmente muy exigente, pero no carece de satisfacciones.

En la relación con atletas adolescentes la figura del entrenador es fundamental. Es necesario estar presentes, guiarlos, corregirlos y, cuando sea necesario, hacerles ver que están equivocados. Ya no se trata de niños, por lo que un aspecto clave en la relación entrenador-atleta es la asunción de responsabilidad. Los chicos deben ser llamados a rendir cuentas de sus acciones, pero sin hacerlos sentir constantemente bajo escrutinio. Después de todo, la actividad deportiva debe seguir siendo una diversión.

Cuando trato con atletas jóvenes, especialmente con atletas adolescentes, me ayuda mucho mi experiencia personal. El hecho de haber participado en el canotaje de competición durante los años de adolescencia me permite hoy entender lo que mis atletas necesitan. En principio es fundamental saber alternar la rigidez y la severidad del entrenamiento con momentos de «premio». En pocas palabras, nunca deben faltar, con el justo equilibrio, la «zanahoria» y el «palo». Especialmente al principio, cuando atleta y entrenador no se conocen bien, es necesario tener pulso, no ser demasiado permisivo. Fijar límites, dejar claro lo que se puede hacer y lo que no, debe ser el punto de partida del que no se puede prescindir. Hay que hacer comprender a los chicos que, a pesar de que nos estamos divirtiendo haciendo deporte, los roles son muy distintos. Yo soy el entrenador, tú eres el atleta y se hace lo que yo digo. En particular en estos últimos años, este primer paso se ha vuelto fundamental: los chicos casi nunca son muy disciplinados y no les gusta mucho sufrir. Una de las primeras enseñanzas que se les debe enseñar es precisamente que sin sacrificio, el famoso sudor de la frente, la dedicación al entrenamiento diario y constante, no conseguirán ningún resultado. Tanto en los deportes como en la vida.

Una vez que se ha ganado la confianza de los niños, se han dejado claros algunos puntos fuertes de la relación entrenador-atleta, con los adolescentes se puede trabajar de manera muy satisfactoria. Entrenar a niños de 14 a 17 años puede ser muy estimulante: tienen ritmos de aprendizaje muy rápidos y observar sus mejoras deportivas y el cambio de carácter y humano es siempre una gran satisfacción.

Sin duda, la adolescencia no es una edad fácil. Es un momento de transición complicado, para vivir para los niños y para los educadores a manejar. A menudo se tropieza con adolescentes con caracteres filosos, difíciles o simplemente poco propensos a la agonía. Te encuentras con chicos muy agresivos y competitivos con los que probablemente el «palo», la firmeza y la claridad en las relaciones funcionan más que cualquier otra cosa, pero también hay chicos que necesitan ser alentados a competir. Con delicadeza y firmeza deben ser educados y acompañados en el momento de la carrera, sin demasiada agresividad para evitar que quien es demasiado tímido se bloquee negándose a ponerse en el juego.

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